tardes de cine
ARTÍCULOS — 02 March 2013
Ang Lee, una breve historia del director ganador del Oscar
Si bien Ang Lee puede pensarse que es un típico cineasta asiático que finalmente cayó en Hollywood trayendo toda su experiencia y tradición fílmica endémica, lo cierto es que no fue así. Si bien su origen es taiwanés, su formación está ligada con el mundo académico y artístico estadounidense. Estudió teatro en la Universidad de Illinois y arte en la Universidad de Nueva York, donde además tuvo de compañero ni más ni menos que a Spike Lee. En realidad el movimiento de Lee fue al revés. Luego de formarse en Estados Unidos regresa a los temas de su tierra con el oficio americano. Así es como logra en 1992 su primer éxito con “Manos que empujan”, una película en chino mandarín que narra el choque cultural que experimenta un anciano maestro de Taichi que debe viajar hacia América (algo que corre en paralelo con la experiencia del propio Lee).
Sin embargo, la real notoriedad e internacionalización de Ang Lee llega de la mano de “El banquete de bodas” (su primera nominación al Oscar en la categoría de Mejor Película Extranjera), una cinta en la que toma uno de los tópicos de su cine, la homosexualidad. Nuevamente aparece la figura del inmigrante, en este caso, un joven inmigrante chino que vive en Estados Unidos y es homosexual. Alejado de sus costumbres y del control paterno, de todos modos el sujeto tendrá que responder a sus obligaciones ancestrales y deberá casarse con una mujer china que llegará a desposarlo a Estados Unidos.

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Si bien las anteriores películas de Lee eran habladas en chino mandarín y llevaban la seña de Taiwán como producción, lo cierto es que la primera cinta que filma en su país de origen es “Comer, beber y amar”. Aquí nuevamente Lee toma el tópico del choque cultural y del conflicto entre modernidad y tradición, específicamente a través de la historia de un veterano maestro de cocina que ve la posibilidad de la continuación de la herencia culinaria china en una de sus hijas.
Después de eso, curiosamente Lee es elegido para realizar “Sensatez y sentimientos” una adaptación de una autora profundamente ligada con el ethos literario inglés, Jane Austen. Pero más llamativo aún resulta el hecho de que el período de la novela calza al dedillo con la sensibilidad de Lee, acostumbrado a ver en su sociedad las uniones tramadas por los padres a espaldas de los sentimientos de sus hijos.

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Posteriormente Lee retoma de lleno la tradición cultural de su país con “El tigre y el dragón” y genera una película rebosante de la imaginería de su país, específicamente adentrándose en el género del Wuxia Pian, que mezcla las artes marciales acrobáticas con un trasfondo de historia. Con esta película Lee resulta galardonado en la categoría de Mejor Película Extranjera y queda colocado en la cima de los nuevos grandes realizadores. Sin embargo, y sin que nadie pudiera augurar este siguiente paso, se convierte sorprendentemente en el director de un blockbuster destinado a la taquilla más obvia, resucitando para el cine la franquicia de Hulk, el personaje de Marvel. Pero lo que asombra más en este nuevo proyecto de Lee es que logra un producto eficaz que en alguna porción logra transmitir algo de la humanidad de su cine- a pesar de las toneladas de efectos y de las animaciones digitales.
Luego, viene un nuevo batatazo. Con “Secreto en la montaña” Lee retoma el tópico homosexual y las convenciones tradicionales y prejuiciosas y genera una película difícil para Hollywood y para el grueso de las audiencias, acostumbrada a tratar la opción homosexual de un modo más caricaturesco o cómico (léase “La jaula de las locas” y demases). Aquí se trata directamente de un romance homosexual contado y mostrado al estilo de cualquier romance heterosexual. El esfuerzo le vale a Lee su primer Oscar como Mejor Director y el reconocimiento planetario a su talla de autor.
Ahora, este año, “La vida de Pi, una aventura extraordinaria” de Lee tuvo menos propaganda detrás que la que tuvo en su momento James Cameron para el 3D de su “Avatar” y, sin embargo, el director taiwanés logró arrebatarle el Oscar a los favoritos que corrían como ganadores. Nadie había apostado por Lee porque pocos se habían dado cuenta de lo que él había logrado con este nuevo trabajo: darle espiritualidad y peso existencial al 3D.

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