tardes de cine
ARTÍCULOS — 31 December 2012
Ben Affleck y su camino al Oscar:  “Siempre me ha interesado Medio Oriente”

Notable thriller ambientado en Irán en los años 70, “Argo”, protagonizado y dirigido por la estrella de Hollywood, es de los títulos favoritos de los Premios de la Academia 2013 y se estrenaba ayer en Chile. Basada en hechos reales, esta es la historia de cómo un agente de la CIA trata de sacar a seis funcionarios estadounidenses atrapados en Teherán con la idea más loca del mundo: hacerlos pasar por un equipo de filmación de una película falsa.  
Por Ernesto Garratt Viñes
El festival de cine de Toronto, Canadá, es el termómetro donde por lo general se muestran y miden las grandes apuestas que suenan para los futuros Oscar. Faltan meses para los premios de la Academia de Hollywood, es verdad, pero en Toronto uno puede decir con certeza y convicción que “Argo”, la tercera película dirigida por Ben Affleck (después de “Desapareció una noche” y “The town”), irá sin duda por los galardones principales en febrero próximo. Y esto porque, claro, la tercera es la vencida, y además porque con esta nueva aventura detrás de las cámaras el jovenzuelo que ganó el Oscar junto a Matt Damon por el guión de “En busca del destino” en 1999, ahora se ha convertido en todo un señor, maduro, sensible y talentoso cineasta, provisto de un buen ojo para contar notables historias.
Y eso es realmente “Argo”, una película destacable, con un nombre peculiar, pero con una historia electrizante, desde cuyos primeros minutos te mantiene pegado al borde del asiento con su carga de tensión a la vena, sin filtros, directa y sorpresiva.
La acción comienza en Teherán, en el año 1979, cuando la embajada de Estados Unidos en Irán está siendo asediada por una horda furiosa de musulmanes en plena revolución islámica. Cientos de personas rodean el edificio, gritando, protestando contra EE.UU. De pronto, los muros de la representación diplomática son escalados por furiosos iraníes, mientras, al interior, los desesperados funcionarios estadounidenses comienzan a quemar documentos clasificados y los militares, como última defensa, intentan controlar inútilmente a la muchedumbre furiosa, que comienza a ingresar a las dependencias de la embajada. El aire se corta con cuchillo en una de las salas de cine del Festival de Toronto, donde los críticos y periodistas acreditados en el TIFF (Toronto International Film Festival) estamos viendo por primera vez en Norteamérica esta película y este inicio auspicioso atrapa la atención completamente.
Ben Affleck, en su rol de director de cine, pone la cámara sobre seis funcionarios que logran salir a la calle sin ser detectados por esta invasión de revolucionarios. El resto, 52 personas, son tomadas como rehenes. Ocultos, este sexteto (Tate Donovan, Clea DuVall, Scoot McNairy, Rory Cochrane, Christopher Denham, Kerry Bishé) llega al hogar del Embajador de Canadá (Victor Garber) en Irán, donde se ocultan del régimen. Acá entra en juego el agente de la CIA, de origen latino, Tony Mendez (Ben Affleck), a quien se le ocurre postular “la mejor mala idea que tenemos para sacarlos de allí”, como dice su jefe, a cargo de Bryan Cranston (“Breaking bad”, “Drive”): montar una operación descabellada y eso es inventar el rodaje de una película falsa, de ciencia ficción clase B, de bajo presupuesto, y con esa treta engañar a las autoridades de Irán y hacer pasar a los seis fugados como un equipo de artistas del cine canadiense en busca de locaciones en Teherán.

 

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LA MEJOR PEOR IDEA
Créalo o no, eso pasó, realmente ocurrió y sólo durante la administración del ex Presidente Bill Clinton se desclasificó. “Argo”, así las cosas, se basa en hecho reales que ya se anticipa cómo van a terminar. Pero uno no deja de estar al borde de la silla del cine, como si se tratara de la mejor ficción de Alfred Hitchcock mezclada con una película realista de Alan J. Pakula, como ese clásico del periodismo “Todos los hombres del presidente”. Todo un desafío para un director, especialmente si se está tratando con la realidad.
“Yo creo que eso suena más difícil para un director de lo que realmente es”, explica Ben Affleck, de impecable pelo corto, a diferencia del abundante pelo y barba que luce en “Argo”, un look setentero por donde se le mire. “En realidad contábamos con nuestro buen guión, que estaba basado en la realidad, y yo contaba con buenos actores, cuyas actuaciones son muy creíbles. Y uno lo que hace es apostar por los personajes (…) uno apuesta por estos seres humanos”.
Hay un desafío aún más grande que trabajar con hechos reales y es la diferencia entre hacer una película y un documental. “Hay una clara división entre los documentales, que uno esperas que sean más estrictos en su apego a los hechos reales de la historia- y nuestra película, en la que decimos que está ‘basada en una historia verdadera’ -esto es para los abogados- y no que ‘es una historia verdadera. Se entiende que teníamos que tomar ciertas licencias dramáticas, como por ejemplo al comienzo los fugados llegan primero a un lugar A, después a un lugar B y después a un lugar C y eso habría significado gastar mucho tiempo y zapatos… así que sintetizamos eso e hicimos que ellos fueran directamente donde el embajador canadiense (…)”.
“En términos de hacer una película y tratar de ser sincero al respecto, creo que hay un espíritu de verdad, y hay una especie de sentido de lo que realmente pasa. Tuvimos mucha suerte, porque la mayor parte de lo que sucedió en esta película es muy convincente, y los personajes son muy interesantes, por lo que se logró algo divertido y placentero. Y yo podía confiar en eso. Y si me hacía preguntas como ‘¿Debería verse así o debería verse de esta otra manera?’, seguíamos adelante con un ‘bueno, ¿cómo se veía realmente? Veamos el material real'”.
Ben Affleck tal vez no sea el mejor actor del mundo, sin embargo tuvo una buena corazonada cuando se puso detrás de las cámaras porque, al igual que la buena corazonada de Tony Mendez, pocos o nadie esperaban que tuviera éxito en su cometido. Y vaya que sí lo ha tenido y, de seguro, lo seguirá teniendo. Con “Desapareció una noche” (2007), dirigiendo a su hermano Casey, Ben Affleck demostró vena para relatos policiales. Con “atracción peligrosa” (2010), su segunda película como director, Affleck siguió explorando el tópico del crimen.

 

ARGO (2012)

 

UNA AYUDITA DE HOLLYWOOD
Y ¿qué nuevo desafío superó la estrella al ser protagonista y director al mismo tiempo en “Argo”? Affleck responde: “Yo creo que me gané la lotería si miran la selección de gente talentosa que realmente hizo esta película. Por ejemplo con John Goodman y Alan Arkin”, menciona sobre estos clásicos actores de Hollywood.
John Goodman es John Chambers, personaje que existió y quien fue un ganador del Oscar por trucos y maquillaje de películas de ciencia ficción de los años 70 como “El planeta de los simios” y, además, fue un viejo colaborador de la CIA a la hora de disfrazar a los espías con prótesis y facciones falsas. Ben Affleck en su rol de Tony Mendez, recurre a Chambers para que le ayude a montar esto de hacer una película falsa y es así como se asocian con un productor de cine interpretado por el brillante Alan Arkin. “Me basé en varios productores que he conocido en mi vida, pero no se inspira en nadie en particular”, rehúye Arkin. La química entre este trío es notable en el Hollywood de los años 70, inundado por el éxito de “La guerra de las galaxias” y se resume bajo la frase que utilizan entre ellos a modo de chiste y código de camarilla: “Argof***yourself”.
Dice Affleck: “Tuvimos la posibilidad de hacer con Alan y John elementos de sátira hollywoodense, y aún así conseguimos que siguiera manteniéndose realista y divertida, lo que fue tremendamente difícil, pero necesario en función de mantener la cohesión de la película y que no se sintiera como una serie de cortos, uno sobre la CIA, y otro que era una comedia sobre Hollywood. Y en ese sentido lo único es apostar por los actores, y la verdad es que fui muy afortunado”.
Dice Alan Arkin: “Él está siendo modesto. Ben es uno de los directores más meticulosos con los que me ha tocado trabajar”.

LOCOS POR MEDIO ORIENTE
Lo mismo dice la decena de otros actores en la película, que hacen de ésta una apuesta aún más difícil, ya que las películas corales requieren claridad y más aún si ocurren en culturas y locaciones exóticas como “Argo”: de necesaria ambientación en Medio Oriente, ojalá en los mismos lugares donde ocurrieron los hechos.
“Mi título universitario fue en Estudios de Medio Oriente”, informa Ben Affleck. “Siempre he estado interesado en eso y siempre lo he seguido y esto viene junto con mi pasión, se encuentra en la zona de mis intereses y, de hecho, he escrito un par de monografías sobre la revolución iraní; aunque estoy seguro de que deben ser malísimas. Yo no sé que es lo que te lleva a estudiar algo, pero ¿cuán a menudo uno puede lograr hacer una película sobre este tema? Particularmente en un mundo donde algunas de las películas de guerra que se han hecho en los últimos 10 años tal vez han hecho deprimirse al público… El punto es que Warner Brothers me dio la oportunidad de hacer una película que era muy poco convencional, que tenía una serie de elementos que podían hacerlo difícil de vender y ellos mostraron esta fe en mí”.
Por las actuales condiciones y relaciones tirantes de Estados Unidos con Irán y viceversa, Affleck y su equipo obviamente no pudieron rodar en Teherán.
“Rodamos bastante en Los Angeles, y hay millones de iraníes en la ciudad y todos están de nuestro lado, así que había un cálido ambiente de apoyo. Y, además, me sentí bastante seguro en Turquía y en realidad me encantó estar filmando muchas de las escenas ahí”, informa, de nuevo con diplomacia, Ben Affleck sobre cómo logró recrear Teherán sin poner un pie en ese lugar.
Tate Donovan, quien interpreta a uno de los seis estadounidenses, recuerda uno de los momentos que más le tocó personalmente: “Una escena del aeropuerto de Teherán fue filmada con cerca de 150 o 200 iraníes, que eran extras y fue una de las más increíbles experiencias porque ellos contaban miles de historias de cómo salieron de Irán, de cómo era vivir bajo el gobierno de Khomeini, y estaban tan felices de estar dentro de la película, aun cuando en el aeropuerto pasas todas esas horas calurosas y miserables transportando equipaje”.
Ben Affleck, que habla con una sorprendente autoridad -para una estrella de Hollywood- de los temas de Medio Oriente, pone un tono serio de analista internacional y levanta un paralelo entre el pasado y la actual relación de Irán con Occidente: “Todavía hay un ambiente peligroso, y hay paralelos con Egipto, Siria, países donde las inesperadas consecuencias de la revolución están actuando. Y los occidentales, los canadienses, los ingleses, estamos examinando nuestro papel histórico y los resultados de eso”.
Pero por mucha seriedad que uno pueda presenciar, siempre surge algo ligero, light. Como, por ejemplo, qué tan incómodo o agradable fue para Ben Affleck usar ese raro peinado setentero. “Yo lo odiaba”, dice riendo. “Muchos se escaparon manteniendo sus peinados actuales, pero yo tuve que hacerlo crecer, este peinado que tenía en mi cabeza estilo Barry Gibb. Pero todo el mundo realmente lo hizo para verse como si estuviésemos en los años 70, no hubo vanidad entre los actores”.

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