tardes de cine
ARTÍCULOS — 21 October 2012
A 30 años de Blade Runner recordamos su polémico rodaje
Este año se cumplieron los 30 años desde que saliera a la luz la película “Blade runner” de Ridley Scott, y la cinta, a pesar del paso del tiempo, sigue manteniendo esa solidez que sólo logran los filmes que deciden apuntar más allá de los criterios mercantiles de su época abriendo camino tanto en el lenguaje narrativo como en el estético. Ahora bien, la originalidad absoluta sabemos que no existe y si bien es posible encontrar una serie de citas en la película de Scott, no es menos cierto que es su mezcla, su síntesis y la unión de factores los que hacen de ella una obra única y original… y, sobre todo, influyente para una buena cantidad de películas que vinieron después. De hecho, son pocas las películas de ciencia ficción que no tengan al menos alguna porción de deuda visual con la cinta de Scott.
 
OTRO GUIÓN DE CIENCIA FICCIÓN
 
Pero veamos un poco cómo fue la realización de este icono de la ciencia ficción que, ciertamente, no fue miel sobre hojuelas. Algo que no es raro de suponer en medio de una época de la industria en la que el cine de ciencia ficción tenía fantasías tan pulcras como Star Wars y Star Trek (aunque ya Scott había generado un quiebre previo entregándole terror y gore al mismo género con “Alien”). De todos modos, resulta más que ilustrativo el hecho de que el propio Harrison Ford, el protagonista de la cinta, declarara mucho tiempo después que la película no le gustaba y que no se logró identificar con la historia en ningún momento.
Bueno, primero hay que entender que Scott en el año 1980 venía de un fallido intento de producción de “Duna”, proyecto que finalmente quedaría en manos de David Lynch. En ese momento de bajón llegó a las manos de Scott el guión “Mecanismo” que había realizado Hampton Fancher y que estaba basado en el relato “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” de Philip K. Dick (hay versiones que dicen que Scott habría recibido el guión poco después de filmar “Alien” y que lo había rechazado porque supuestamente habría declarado que no quería filmar otra película de ciencia ficción y que finalmente lo habría aceptado luego de una nueva versión de Fancher).
Seducido por la historia y viendo la posibilidad de ampliar a su antojo las posibilidades de la misma (el guión era bastante claustrofóbico hay que decir, principalmente ambientado en interiores) Scott le dio marcha a la producción de la película. Sin embargo, y para beneficio de las ambiciones de Scott, en ese momento Hollywood se sumergió en una huelga de actores, lo que le dio la posibilidad a Scott de tomarse unos largos 9 meses para trabajar a sus anchas en la estética y ambientación de la película.

 

UN MONSTRUOSO DISEÑO DE PRODUCCIÓN
 
Según cuentan las crónicas en todo este período Scott se concentró básicamente en la producción visual y –después del término de la huelga- dejó a los actores un poco abandonados, en el sentido de que les dio mayor libertad para que trabajaran en sus personajes. Esto finalmente habría sido positivo para actores con experiencia como Rutger Hauer, pero no para los intérpretes más débiles en lo actoral como era el caso de Harrison Ford (que no fue la primera opción ya que antes Scott había hablado con Dustin Hoffman) y de la joven Sean Young, de 22 tiernos años.
Por su parte, Scott tuvo tiempo para volcar todas sus inquietudes estilísticas e intereses personales en el trabajo de producción, logrando así una especie de monstruoso diseño armado con partes de todo lo que había en su mente. Una de las fuentes de inspiración de Scott fue el trabajo visual del dibujante Moebius para la revista Metal Hurlan, específicamente la imagen de una historia llamada “El largo mañana” de Dan O’Bannon, donde un sujeto aparece asomado a una ciudad llena de rascacielos y de máquinas voladoras. El mismo pasado de la juventud de Scott viviendo cerca de fábricas de acero, con entornos llenos de humo, basura y con visiones de lenguas de fuego, se filtró en el diseño de la película.
Muchos de los involucrados en esta etapa recuerdan que el trabajo de producción tuvo bastante de demencial, con una sobrecarga de elementos que tuvo que ver con la estética resultante final de retrofuturismo, con edificios antiguos llenos de adiciones tecnológicas, con complejos entramados de tuberías, ventiladores y artefactos luminosos. Todo le servía a Scott, el art decó, la estética victoriana, la arquitectura maya, la decoración bizantina… postmodernismo total. El propio departamento de Deckard, el personaje de Ford, fue realizado como una versión de la Ennis House del arquitecto Frank Lloyd Wright.
Entre las otras influencias que entraron en este potpurrí estético está naturalmente “Metrópolis” de Fritz Lang, las fotos de Irving Penn y los cuadros de Edward Hopper (especialmente “Nighthawks”). Sin hablar del estilo de cine negro que ciertamente se conecta con el hecho de que una parte de la cinta se filmó en el mismo plató en el que se hicieron clásicos como “El halcón maltés” y “El sueño eterno” (Deckard es también un personaje cortado a esa medida, como una especie de Humphrey Bogart del futuro).
Además, Scott echó mano al talento de Syd Mead, un antiguo diseñador de la fábrica de automóviles Ford, quien fue el responsable de diseñar los vehículos que aparecerían en la película.

 

UN RODAJE CON PROBLEMAS
 
Bueno, la parte sabrosa de esta historia es precisamente lo que pasó en el rodaje de la película, ya que son muchos los rumores y versiones que hablan de los problemas que hubo con el equipo y con los actores. De hecho, algunos de los participantes, por estas mismas razones, le apodaron a la película “Blood Runner” para graficar el nivel de beligerancia que había. Esto sin tomar en cuenta todos los problemas que generaron algunas bajas entre los productores como Filmways Pictures, que a sólo semanas de iniciar el rodaje (originalmente pensado para enero de 1981) se retiró de la producción. De todos modos, aparecieron pronto otros reemplazos que ayudaron a asegurar la finalización de la película (de algo le seguía valiendo a Scott la reputación comercial que había ganado con “Alien”, ya que de los 11 millones de dólares que costó logró recaudar en Estados Unidos más de 60 millones).
El rodaje propiamente tal comenzó en marzo de 1981 y terminó en julio del mismo año y uno de los primeros problemas a los que se vio enfrentado Scott fue a un asunto sindical.
“Blade runner” era la primera película que Scott hacía en Estados Unidos… así es, “Alien” no fue hecha en América, sino que en dos estudios de Inglaterra. Y Scott, tanto en “Alien” como en “Los duelistas” (así como en su trabajo de películas publicitarias) acostumbraba a hacer parte del trabajo de camarógrafo. Sin embargo, cuando intentó hacer lo mismo en “Blade runner” se encontró con la prohibición del Sindicato Estadounidense de Camarógrafos que establece que un director no puede operar su propia cámara a menos que también pertenezca al Sindicato Internacional de Camarógrafos. Es de imaginarse la ansiedad e incomodidad que esto produjo en Scott.

SCOTT PELEA CON TODOS
 
Pero, en realidad, el mayor de los problemas que tuvo que enfrentar Scott fueron las divergencias con Ford sobre el personaje y sobre el desarrollo de la historia. Antes de la filmación, Ford había tratado que se redujera o eliminara el recurso de la voz en off, ya que sentía que se abusaba mucho de él, y además no estaba de acuerdo con la escena que sugería que Deckard era un androide (cuando el policía interpretado por James Olmos deja un origami de unicornio, sugiriendo que el recurrente sueño de Deckard era en realidad un recuerdo implantado). A esto se sumó también la fría relación de Ford con Young (la actriz confesaría después que Ford casi no le hablaba).
Los problemas con los productores tampoco dejaron de existir, ya que en las usuales visitas a los set y en el seguimiento del rodaje comenzaron a ver que Scott hacía 15 o 20 veces la misma toma, lo que hizo que los costos de producción se elevaran enormemente.
Las relaciones con el equipo de rodaje tampoco fueron mejores, ya que las exigencias y el perfeccionismo de Scott transformaron los días de filmación en un verdadero suplicio. Como la mayoría de las tomas eran de noche, el rodaje comenzaba al atardecer y duraba hasta la madrugada. Pero la gota que rebasó el vaso fue cuando Scott dio una entrevista en medio del rodaje planteando que cuando él trabajaba con su equipo en Inglaterra sus instrucciones eran recibidas con un “Sí, jefe”. Cuando Scott volvió al set de rodaje se encontró con que todo el equipo lucía una polera que decía “Sí jefe ¡mi culo!”. A su vez Scott respondió a esto con una nueva camiseta que decía: “La xenofobia apesta”.
 
LAS PRODUCTORAS TOMAN EL MANDO
 
La tensión con las productoras no terminó y lejos de ello se acrecentó, tanto así que al final del rodaje Scott fue marginado por un breve período. Y, si bien, fue repuesto, finalmente las productoras se encargaron de testear y ver qué modificaciones le hacían a la película. De hecho, luego de la mala recepción de algunas proyecciones de prueba, se eliminó el sueño del unicornio de Deckard y se modificó el final original de Scott porque lo encontraban muy deprimente. En la versión original del director se mostraban a los personajes de Ford y Young mientras se cerraba el ascensor y huían. En la versión de los productores se hizo ver que los personajes huían lejos de la ciudad hacia un paraje boscoso y lleno de naturaleza, para lo cual hicieron algunas tomas en un lago y las ampliaron con material que no fue usado en “El resplandor”, de Kubrick.
Y sobre la polémica narración en off, lo cierto es que la que se incluyó no tenía nada que ver con la que en un principio pensó Scott (que era más bien con reflexiones y pensamientos de Deckard), sino que se trataba de una narración explicativa que los productores creyeron necesaria dado que en las proyecciones de prueba el público se había sentido confundido con la trama. Sin embargo, y pese a los esfuerzos de los productores, la película fue un fracaso en taquilla y sólo logró generar ganancias cuando se transformó en un éxito cuando pasó al formato de video.
Bueno, después de todos estos detalles no es difícil creer el relato que contaba que al término del rodaje Harrison Ford se paseaba por el set con una botella de wkisky casi vacía, como un replicante hastiado con su creador.

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